lunes, 4 de febrero de 2013

Reciclaje sí, pero no con mis residuos

¿Por qué hay tanto recelo en la sociedad a que haya empresas y personas que se ganen la vida con negocios relacionados con el medio ambiente? Me refiero, aunque el concepto es amplio, especialmente a la existencia de empresas que se dedican a la gestión de residuos o al reciclaje y que se nutren de los desechos generados por otras personas para obtener beneficios.

Esta relación implica que separemos nuestros residuos domésticos en grupos como envases, vidrio, papel y cartón, plásticos, madera, chatarra, medicamentos, aceites usados o aparatos eléctricos y electrónicos, para después depositarlos en su correspondiente contenedor urbano o en el punto limpio más cercano.

¿Cuál es el problema? Que muchos ciudadanos son reacios a que existan determinadas empresas que se dediquen al reciclaje y se “aprovechen” de estos residuos, depositados de buena fe sin recibir a cambio ninguna compensación económica, solo la satisfacción del deber cumplido.

El hecho de tener que desplazarse, a veces, varios kilómetros para llevar ciertos residuos hasta el punto limpio más cercano supone un gran problema para muchas personas, que no están dispuestas a colaborar en fomentar el negocio del reciclaje o de la gestión de residuos. De hecho, parecen ser más partidarios de depositar todos los residuos en el contenedor más cercano, ya sean los restos de la cena del día anterior o un termómetro que pueda ir vertiendo mercurio allá por donde pase.

Esta imagen la tomé en la costa de El Cotillo, en Fuerteventura, en enero de 2013. Encontré la pila semienterrada a pocos metros del mar. ¿Cuánto trabajo le costaba a la persona que la abandonó haberla depositado en un lugar adecuado?

Las alegaciones de estas personas para no colaborar en el proceso de reciclaje son del tipo “yo no voy a contribuir a que unos cuantos se hagan ricos con mi basura” o “para qué separar residuos si luego viene un solo camión y los mezcla todos”, afirmaciones que no necesitan una base científica ni pruebas que las refuten, solo la insistencia y rotundidad de las personas que las sostienen.

¿Por qué esta negativa de una parte de la sociedad a favorecer el negocio ambiental? Yo no pido que nadie regale su tiempo o su esfuerzo de forma altruista; todo lo contrario, me gustaría que el sector ambiental pudiera generar más oportunidades laborales y creo que, de hecho, tiene un gran potencial para conseguirlo. Pero tampoco me gusta que nadie lo boicotee cuando, con un pequeño esfuerzo, puede colaborar en que el reciclaje funcione.

Mi reflexión ante esto es la siguiente: ¿qué pasaría si la sociedad se negase a contribuir a los negocios que dependen de los ciudadanos? Por ejemplo, que nadie quisiese ir a los restaurantes, bares ni cafeterías, sino que prefirieran comer y beber en casa, que es más barato. ¿Por qué enriquecer a hosteleros pudiendo evitarlo? Es más, ¿por qué enriquecer a los dueños de los supermercados comprando comida? Podríamos instalar huertos en casa y conseguir nuestros propios alimentos. ¿Estoy desvariando? Es posible, pero no tanto como quienes se niegan a separar sus residuos o a acudir a los puntos limpios por haber declarado la guerra al sector ambiental.


En más de una ocasión he manifestado mi oposición al capitalismo y al consumismo y creo que esta forma de vida es la principal culpable de la grave situación del planeta, pero lo que no podemos hacer es negar que vivamos según este modelo y que en él debamos actuar.

El reciclaje de residuos no es la panacea pero pone su granito de arena para ayudar al medio ambiente y no creo que nos cueste tanto trabajo separar los residuos habituales (envases, vidrio, papel y cartón y restos orgánicos) y depositar cada uno en su correspondiente contenedor, así como guardar los residuos especiales y que no se generan tan asiduamente (pilas, aparatos eléctricos o electrónicos, metales…) para llevarlos al punto limpio más cercano, algo que nos supone tiempo y dinero, pero creo que en un nivel asumible en la mayoría de los casos.

Al fin y al cabo, a diario realizamos pequeñas acciones que nos suponen un esfuerzo físico o monetario y que contribuyen a que un sector comercial obtenga beneficios: comprar alimentos, viajar en metro, tomar una cerveza, hacer una llamada de teléfono, conectarnos a internet, encender las luces, tener enchufada la nevera, darnos una ducha, beber agua. Todos estos actos diarios benefician, de forma más o menos directa, a algún negocio. ¿Por qué debe ser diferente en el caso del medio ambiente? Es más, puede que sea diferente pero de forma positiva, puesto que, además de formar parte de un sector comercial, el reciclaje nos beneficia a todos.

De cualquier forma, cada ciudadano es libre de actuar de la manera que considere correcta y esto solo es una opinión, o petición, de un profesional del sector ambiental, al que le hierve la sangre cada vez que alguien le dice que no colabora con el reciclaje y además lo defiende con fervor.