viernes, 2 de noviembre de 2012

En busca del Empleo Verde

¿El Empleo Verde es una realidad? Lo cierto es que sí, aunque los ambientólogos lo tengamos complicado para poder acceder a él, además de lejos, porque existe pero no en España. Esa es la idea más clara que me traje del seminario sobre Empleo Verde que se celebró el pasado martes, 30 de octubre, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid, organizado por la Cátedra Ecoembes y el Grupo de Innovación Ambiental de la UPM.

Las intervenciones durante el acto corrieron a cargo de Belén Vázquez, coordinadora del máster en gestión sostenible de los residuos, Igor González, de Eurocontrol, Antonio Barba, de DGM y Antonio Rodríguez Mendiola, de Befesa, las tres empresas con una importante presencia internacional.



Sin duda, es de especial relevancia el peso de los mercados emergentes, como Asia o Latinoamérica, cuando se habla de empleo verde. En países como Brasil, México, Argentina, Colombia, China o India, el medio ambiente está aún en pañales, muchos ni siquiera tienen una legislación al respecto y la poca existente suele ser una copia literal de la europea o la estadounidense.

Los países emergentes de Latinoamérica y Asia albergan las mayores oportunidades de empleo verde en la actualidad.

Por ello, las oportunidades de empleo en estos lugares son altas, máxime si tenemos en cuenta que son empresas internacionales (con especial incidencia de las españolas en Latinoamérica) las que se están encargando de potenciar este sector. Desde la redacción de las leyes hasta la puesta en marcha de proyectos, hay un amplio abanico de posibilidades... pero, ¿para quién?

“Principalmente ingenieros y químicos”, nos dice sin un ápice de duda Rodríguez Mendiola, antes de caer en la cuenta de que los ambientólogos ocupamos aproximadamente el 50% de los asientos. Luego se explica: un licenciado en ciencias ambientales no está capacitado para las fases iniciales de un proyecto, como puede ser la construcción o la implementación. Es más adelante, según el representante de Befesa, cuando pueden participar, a la hora de implantar sistemas de gestión, calidad o consultoría.

Aquí llama la atención la facilidad que tienen en el mundo laboral de solicitar ingenieros, sin especificar la rama (¿tendrán las mismas aptitudes un ingeniero de montes, uno industrial o un agrónomo?) y lo que les cuesta pensar en los licenciados en “nuevas” especialidades, considerando aquí las ciencias ambientales como relativamente modernas, en contraposición con las carreras clásicas. 

Las empresas reclaman ingenieros y químicos para los empleos verde, no piensan en los licenciados en ciencias ambientales. 

La conclusión a la que llegamos en la sala, después de un debate con amplia participación, es que las empresas no saben a qué se puede dedicar un ambientólogo, por ello no los reclaman. No obstante, una vez que cuentan con ellos en sus plantillas, los resultados son satisfactorios, pero el lastre de tener que explicar para qué sirve tu licenciatura es demasiado pesado.

La necesidad de los licenciados en medio ambiente es definirnos, según destaca Belén Vázquez durante el intercambio de ideas, para lo cual sería un buen primer paso la instauración de un Colegio Oficial, que llevamos años necesitando y no termina de surgir. Si las empresas supieran lo que podemos hacer, cuáles son nuestras potencialidades, quizás nos reclamarían más. Pero las oportunidades están ahí y el hecho de que nuestra licenciatura no sea tan conocida como otras no debe ser óbice para luchar por cualquier trabajo del sector ambiental.

Sin embargo, el poco reconocimiento no es el único problema para los ambientólogos, existe otro, más grave y que no solo nos afecta a nosotros sino al conjunto de la sociedad; no voy a decir nada nuevo, me refiero a la situación económica en el mundo. Coinciden los ponentes en que la crisis afecta fuertemente al sector verde. Por lo tanto, en España, como en otros países ricos, tenemos una doble penalización: el sector ambiental está ya muy explotado y además se han reducido las partidas para nuevos proyectos. El dinero disponible en nuestro país para la inversión pública es prácticamente nulo, por ello las empresas españolas se están fijando en Hispanoamérica, aprovechando las ventajas de hablar el mismo idioma. 

Hay que renovar el sector verde de los países ricos, pero no hay dinero para hacerlo.

En el Primer Mundo ahora es tiempo de actualizarse. Muchos de los sistemas implantados se van quedando obsoletos y necesitan una renovación, pero esta no podrá llevarse a cabo mientras continúen los problemas de financiación. Hasta entonces, no quedará más remedio que fijarse en los mercados emergentes, donde palabras como eficiencia, sostenibilidad o medio ambiente comienzan a ser cotidianas.

¿El resumen? Existe el empleo verde, pero ahora mismo está sobre todo en los países emergentes. Los profesionales más requeridos son ingenieros y químicos, pero los ambientólogos debemos luchar por ocupar el sitio que nos corresponde.

Algunos datos interesantes sobre empleo verde:

El 70% de los residuos acaban en vertederos. Son materiales que se podrían reutilizar como materias primas y se están desaprovechando. Esta es una gran oportunidad para las empresas verdes.

Organismos oficiales como la Fundación Biodiversidad, en España, o el PNUMA de las Naciones Unidas, a nivel internacional, defienden la existencia del empleo verde. El hecho de que las instituciones gubernamentales tengan que refutar su propia existencia dice muy poco sobre la credibilidad que ofrece. 

“Hacia el trabajo decente en un mundo sostenible y con bajas emisiones de carbono”. Esta bonita sentencia es uno de los lemas del empleo verde, pero no suena más que a otro de los intentos de la economía verde por apaciguar las reivindicaciones en materia ambiental sin cambiar el modelo.

Se mencionó la idea de que la crisis favorece el cambio hacia los empleos verdes, un comentario oportunista y complicado de demostrar con datos irrefutables; claro que datos para la libre interpretación siempre hay, como los que utiliza Guillermina Yanguas para afirmar que los empleos verdes han aumentado un 235% en los últimos 10 años y calificarlo como éxito.