jueves, 10 de octubre de 2013

Hipotecas ecológicas: sin pesticidas y con bajas emisiones

Triodos Bank, la banca ética y sostenible, ha lanzado la ecohipoteca. No, no es una hipoteca orgánica, ni cultivada con métodos tradicionales; tampoco tiene unas bajas emisiones de dióxido de carbono ni nos permite ahorrar en el consumo del agua o la electricidad. Tiene una relación algo menos directa con el medio ambiente.



El motivo por el que un producto financiero se ha ganado el prefijo eco es porque aplica un diferencial distinto en función de la certificación energética de la vivienda sobre la que se va a aplicar. Esto es, si la vivienda tiene la mejor certificación, la persona que pretenda adquirirla podrá disfrutar del diferencial más bajo, con lo que pagará menos intereses que aquellos que tengan una calificación peor.

La idea es original y positiva para el medio ambiente puesto que hará que los compradores de viviendas se preocupen por la certificación energética de la que vayan a adquirir. Un porcentaje menor de intereses puede ser un factor determinante a la hora de elegir domicilio, no hay más que ver la cantidad de problemas que han dado las hipotecas desde que se empezaran a repartir como caramelos en un cumpleaños durante la bonanza económica. Muchísimas personas han perdido sus viviendas y se han visto arruinados y esto ha logrado que los compradores sean mucho más minuciosos a la hora de elegir el crédito.

Sin embargo, cabe plantearse si realmente un producto financiero puede ganarse el prefijo eco. Cuando pensamos en ecoproductos, lo primero que se nos viene a la mente son los huertos ecológicos, aquellas frutas, verduras y hortalizas cultivadas con manejos tradicionales, sin aditivos ni productos químicos y que suelen poseer un sabor excepcional y unas cualidades naturales.

Los intereses de esta hipoteca se aplican en función de la certificación energética de la vivienda.
Además de los productos que directamente salen del huerto, otros que requieren procesos de fabricación también pueden calificarse de ecológicos si siguen unos estándares, como la mermelada, el vino, el aceite y similares. También sería de aplicación el término a la ropa producida a partir de cultivos ecológicos de algodón y otras fibras. Todo esto tiene su lógica, pero… ¿una hipoteca ecológica?

En este caso hablamos de un producto financiero, una transacción de dinero entre dos partes que enriquece a una mientras que la otra intenta empobrecerse lo menos posible. ¿Qué aspecto ecológico podemos incluir en ese proceso? El cobro de intereses en función de la calificación energética de la vivienda parece cogido con pinzas… Es como si al comprar acciones de una compañía energética dijéramos que estamos haciendo una ecoinversión o comprando ecoacciones.

Otorgar el prefijo eco a productos que no tienen nada que ver con una actitud ecológica hace perder valor al término. El ciudadano que ya ha entendido lo que es un ecohuerto o un vino ecológico se confundirá al ver anunciada la ecohipoteca o pensará, lo más normal, que le ponen el término eco a cualquier producto, por lo que tomará menos en serio otras propuestas que realmente se han ganado ese calificativo. ¿Algún ecocomentario al respecto?