martes, 29 de octubre de 2013

Limpie su conciencia (voluntariamente) con nuestro banco de conservación

En Estados Unidos existe desde los años 80 y eso es siempre garantía de calidad... Ahora se quieren introducir en España los bancos de conservación, otra forma de que el sistema ponga precio a la contaminación, la destrucción de hábitats y la desaparición de especies. Será otra forma de que las empresas apliquen la máxima de “quien paga, contamina”. ¿O era al revés?

 

El funcionamiento de los bancos de conservación es el siguiente, grosso modo: existirá una base de datos de trabajos ambientales, ya sea restauración de zonas degradadas, recuperación de especies amenazadas o limpieza de zonas contaminadas, por poner unos ejemplos, que conformarán el banco propiamente dicho, en el que podrán invertir las empresas que dañen el medio ambiente, de forma que compensen el perjuicio que provoque su actividad pagando los trabajos para recuperar otra área.

La idea es que aquellas entidades que causen un desastre ambiental puedan resarcirse pagando el arreglo de otro (eso sí, de momento, de forma voluntaria, apelando a la buena fe). Económicamente, parece que el equilibrio existe: el menoscabo que se le produce al medio ambiente se compensa con dinero.

Pero hay un problema en todo esto: por lo general, el suelo que se contamina tarda mucho tiempo en regenerarse y no siempre lo hace al 100%; el hábitat que se destroza puede restaurarse pero por el camino habrá causado muchos daños colaterales y, sobre todo, las poblaciones que sean exterminadas no volverán a la vida, algo grave cuando se hable de especies amenazadas.

¿De qué forma el dinero puede compensar la desecación de un humedal catalogado? ¿Cómo pueden pagarse más de 20 años de contaminación en una laguna? No dudo que en la economía haya una forma de cuantificar eso, pero el dinero no puede recuperar un ecosistema o resucitar a un animal (ni a una persona).

Lo único que se logra con este tipo de sistemas es dar carta blanca a las empresas (o a los particulares) para contaminar y afectar a la naturaleza mientras paguen su correspondiente cuota. Igual que los católicos pagaban la bula para poder comer carne en viernes, compensando con dinero el pecado cometido.


Indemnizar un perjuicio al medio ambiente puede servir como alivio, puede limpiar conciencias, pero no recupera lo perdido. Pensar que mientras se pague se puede cometer cualquier delito ambiental es un error. Lo que el planeta necesita es que se deje de contaminar, de destruir, no que se compense todo con dinero, de eso no entiende.

No obstante, no queda más remedio que realizar trabajos de restauración ambiental en aquellas zonas que han sufrido impactos, los cuales necesitan financiación. El dinero tiene que salir de algún sitio y qué mejor que de los bolsillos de quienes provocan estas atrocidades. Pero lo que realmente hace falta, dejar de cometer estos actos, es lo último que se plantea el capitalismo y la máxima de “quien paga, contamina” (¿otra vez me he vuelto a liar?) debería ser el último recurso, no el primero.