lunes, 25 de noviembre de 2013

Ménes, la cigüeña espía

Comencé mi andadura en este blog hablando de Solitario George, una tortuga centenaria de las Islas Galápagos que no pudo reproducirse antes de fallecer, por lo que fue el último representante de su especie. Quizás por ese recuerdo me ha llamado la atención la historia de Ménes, la cigüeña blanca húngara que fue noticia este verano por haber sido confundida con una espía.



Ménes fue interceptada el pasado agosto por un ciudadano egipcio, que la vio volando junto con otras compañeras de especie. Lo que le llamó la atención de nuestra protagonista fue el dispositivo con el que había sido equipada por parte de un grupo de ornitólogos magiares, un sistema de seguimiento por satélite para estudiar sus viajes.

El desconocimiento llevó a esta persona a atrapar al pájaro y entregarlo a las autoridades, pensando que pudiera tratarse de un ave espía. ¿Y qué hizo la policía egipcia? Pues lo que habría hecho con cualquier ser humano sospechoso de espionaje, encerrar a Ménes en el calabozo hasta que comprobaran su identidad, como si hubieran capturado al mismísimo Jason Bourne.

Tras pasar la noche encerrada, Ménes recibió al día siguiente la visita de un grupo de veterinarios locales, que pudieron confirmar a los agentes que el aparato no era más que un dispositivo de seguimiento que, para más inri, había dejado de funcionar hacía tiempo.

La alerta, que pudiera resultar exagerada en otros lugares, no es tan disparatada en Egipto, un país con una situación política y social inestable y convulsa. Son tiempos en que se sospecha de cualquier cosa que no se conozca y Ménes solo sobrevoló el lugar inadecuado en el momento inoportuno.

Tras aclararse el malentendido, los veterinarios egipcios liberaron a Ménes, que volvió a surcar el cielo africano. El ave decidió quedarse en las cercanías del lugar en que había sido capturada y posteriormente puesta en libertad. Craso error. Unos días después, la cigüeña era abatida por vecinos de la zona e incorporada a su menú del día.


Para organizaciones ecologistas como SEO/Birdlife, el trágico final de la cigüeña es un ejemplo de los peligros a los que se enfrentan las aves anilladas, que pueden morir a manos de cazadores furtivos durante sus migraciones. Sin embargo, si repasamos toda la historia, nos daremos cuenta de que Ménes fue capturada precisamente por llevar un transmisor, algo que la diferenciaba de sus compañeras de vuelo.

¿Corrían las demás el mismo peligro que Ménes mientras sobrevolaban Egipto? Seguramente sí, pero no llamaban tanto la atención como ella. A veces la intervención humana, aunque sea con las mejores intenciones, puede tener consecuencias negativas para otros seres vivos.

Las aves migratorias están expuestas a numerosos peligros porque atraviesan muchos países, cada uno con su legislación particular, con sus costumbres cinegéticas y culinarias. Pero también supone un riesgo para ellas llevar dispositivos de seguimiento, ya no porque les pueda ocurrir un caso similar a este, tan peculiar, sino por otras molestias que puede ocasionarles el hecho de no disfrutar de su vida natural al cien por cien.

Equipar a un ave con un dispositivo de este tipo supone para el animal tener que pasar procesos de captura, equipamiento y estudio cada cierto tiempo. No obstante, si no corremos estos riesgos, mejor dicho, si no ponemos en peligro a estos animales, no obtendríamos valiosos datos que sirvan para conocer mejor sus costumbres y poder ayudarlos. ¿Vale la pena el sacrificio?