Ayer tuve la suerte de asistir a las celebraciones en Madrid
por el nuevo título de la selección española de fútbol, que se ha proclamado
campeona de Europa por tercera vez en su historia, y vivir en primera persona
la alegría de los aficionados, la inundación del color rojo en las calles de la
capital, el buen ambiente y la camaradería entre todos los asistentes.
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| Los jugadores de España en el momento de recibir el trofeo. |
En este último mes, en que se ha celebrado el campeonato, no
han cesado las críticas: al deporte, al negocio que genera, a los actos
lamentables relacionados con estos eventos, como enfrentamientos entre
aficiones o insultos racistas… Pero la crítica que más me ha llamado la
atención ha sido la realizada a la propia celebración de la gente.
