viernes, 10 de mayo de 2013

¿Qué falta para que termine de arrancar el vehículo eléctrico?

¿Qué es lo que falta para que termine de arrancar el vehículo eléctrico? Y no me refiero a la máquina en sí que, como tuve el placer de comprobar el año pasado, funciona a las mil maravillas, sino al mercado, las ventas, el uso generalizado… Pues hay unos cuantos motivos que voy a desgranar. Y no, si os lo estáis preguntando, uno de ellos no va a ser la crisis, hoy la vamos a obviar e intentar analizar el asunto como si no existiera.


  • 1-      Los precios.

En un mundo capitalista y siempre movido por el dinero, los precios tienden a ser siempre el primer motivo: si un producto no es rentable económicamente, no funcionará. Las compañías volcadas en los vehículos eléctricos ofrecen modelos de tamaño utilitario o urbano a precios de berlina.

El Peugeot Ion cuesta alrededor de 30.000 euros.
El precio del Nissan Leaf, un utilitario, ronda los 34.000 euros, cuando por 11.000 podemos tener un Micra a gasolina, con una tecnología convencional conocida, que sabemos cómo funciona y que nos será más útil para un uso diversificado del vehículo. Esto es solo un ejemplo, los precios son similares en todas las marcas.

  • 2-      La autonomía.

Pero hablo del Nissan Leaf porque fue el que probé el año pasado. El modelo del fabricante nipón tiene una autonomía de 150 kilómetros, aproximadamente, siempre que no se fuerce el motor. Cuando se aumenta la velocidad o se utilizan extras como el aire acondicionado, el marcador de kilómetros restantes, que aparece en el cuadro de mandos, disminuye.

Cuadro de mando del Peugeot Ion, simulando el indicador convencional de un coche de gasolina.
Con esta autonomía, el coche permite pasar el día por la ciudad, incluso por un área metropolitana grande como es la de Madrid (mi recorrido, además de la capital, incluyó municipios cercanos como Alcorcón o Las Rozas), sin mayores problemas. ¿Pero qué ocurre cuando hemos de realizar un viaje? Al menos cada 150 kilómetros deberíamos encontrar un punto de recarga rápida, capaz de llenar la batería un 70% en media hora. Esto eternizaría los desplazamientos, suponiendo que estos puntos de recarga rápida estuvieran generalizados y pudiésemos disponer de uno en el momento adecuado.

  • 3-      Los puntos de recarga.
Y es que este es precisamente el siguiente problema. ¿Dónde se puede recargar el vehículo? Uno puede hacerlo en casa (claro, siempre que se disponga de garaje privado con toma de luz; cualquier enchufe vale), o en los puntos de recarga rápida, que carga el 70% de la batería (pero no cabe duda que conviene tener un lugar fijo de recarga lenta, no se me ocurre ninguno mejor que un garaje privado).

Algunas compañías utilizan coches eléctricos como coches de empresa y tienen puntos de recarga en sus instalaciones. Claro, así cualquiera, lo puedes dejar horas, con vigilancia y en un recinto cerrado.

El Nissan Leaf lleva la toma de corriente en la parte delantera.
Pero, para el mortal medio, ¿qué? Si vives en un bloque con garaje comunitario o, peor aún, si ni siquiera tienes garaje en tu edificio y lo tienes alquilado o aparcas en la calle, la cosa se complica. Aquí la opción de ir a la gasolinera y llenar el tanque de carburante gana por goleada.

  • 4-      La oferta.
Pocos, pequeños y caros. Así son los vehículos realmente eléctricos que hay en el mercado: Nissan Leaf, Renault Tweezy, Peugeot Ion y unos cuantos más, como mencionaba anteriormente, son modelos utilitarios o urbanos a precio de gran berlina. La oferta que sí está resultando interesante es la de los híbridos, que reducen las emisiones y tienen la opción para ciudad de circular solo con el motor eléctrico. En este caso, tenemos desde utilitarios a todoterrenos. Es un comienzo, pero los coches híbridos pasan la mayor parte de su vida quemando combustibles fósiles.

El Renault Tweezy es un modelo urbano eléctrico que puede hacer la competencia al popular Smart por menos de 6.000 euros.


  • 5-      ¿Realmente son más ecológicos?
Esta pregunta es recurrente. Hay que tener en cuenta que estos vehículos siguen un proceso de fabricación igual que el resto, se montan en factorías, se transportan en barcos, trenes y camiones, con lo cual en esa parte de su ciclo de vida consumen los mismos recursos y contaminan lo mismo que cualquier otro vehículo.
Esquema de funcionamiento del Peugeot Ion.
¿Cuál es su contribución al medio ambiente? La ausencia de emisiones al circular, la enorme reducción de la contaminación acústica y que no utilizan combustibles fósiles de forma directa.

Las emisiones al circular son inexistentes, no se reducen, se eliminan y eso ayuda mucho en una ciudad a mejorar la calidad del aire y, en general, la calidad de vida de sus habitantes. Una vez leí que era más perjudicial para los pulmones dar un paseo por la Gran Vía de Madrid que fumarse un cigarrillo. No he logrado encontrar la referencia, pero no es nada descabellado.

La segunda contribución es la ausencia de ruido, apenas lo hacen. Aceleran y circulan de forma muy suave, sin cambios de marchas, sin acelerones, simplemente adelante y atrás. Esto también se agradece en una gran ciudad llena de atascos y cuya banda sonora es una sinfonía de pitos y cláxones.

Por último, no necesitan gasolina, gasoil ni similares (por eso no emiten), se mueven con energía eléctrica. Esto reduce el uso de combustibles fósiles y por tanto todos los problemas asociados a él. Pero, ¿de dónde sale esa energía? En un país donde un gran porcentaje de la energía eléctrica provenga de renovables (se me ocurre Brasil) esto puede ser muy ecológico, pero si la mayoría de la electricidad procede de la quema de carbón y otros combustibles fósiles (como Argentina), se ahorra en consumo pero las emisiones, aunque de forma indirecta, hay que tenerlas en cuenta. Las fuertes subidas de los precios de la electricidad, como las que estamos sufriendo en España en los últimos tiempos, tampoco favorecen esta opción.

  • 6-      Como siempre… concienciación.
Claro, con tanto inconveniente es complicado, pero uno de los problemas es, efectivamente, la concienciación de la población. No hay realmente una cultura de coche eléctrico, nadie habla de ello, nadie sueña con tener uno. Se ven como experimentos raros, graciosos, que despiertan curiosidad, pero muy poca gente los toma en serio y menos como una opción principal.

Cuando el año pasado hice la prueba, tuve la oportunidad de hablar con mucha gente sobre los vehículos eléctricos y saqué esta conclusión: a la gran mayoría le hubiera encantado probar ese coche, tenerlo por un día, pero nadie lo hubiera cambiado por el suyo.


Las conclusiones de todo esto es que el proyecto del coche eléctrico no lleva mal camino, se van introduciendo en el mercado automovilístico, aunque solo sea en ciertos sectores (alquiler, coches de empresa) pero está aún muy lejos del ciudadano medio y necesita mejorar varios aspectos fundamentales para acercarse.