jueves, 2 de agosto de 2012

El mundo futurista de Demoliton Man


El 3 de agosto de 2032, tal día como mañana pero dentro de 20 años, tiene lugar la acción de Demolition Man, filme entre la utopía y la distopía de 1996 que protagonizan Sylvester Stallone, Wesley Snipes y Sandra Bullock. La película describe un mundo futurista con algunos detalles ciertamente interesantes.

En primer lugar, hay que destacar que el planeta parece haberse reducido a 3 ciudades: Santa Bárbara, Los Ángeles y San Diego, en el estado de California, en la Costa Oeste de los Estados Unidos. En 2010, pronostica el guion, hay un terremoto de consecuencias catastróficas que cambia el devenir de la humanidad, que había entrado en una espiral de violencia y disturbios incontrolable. Las tres ciudades se fusionan en una sola, que recibe el nombre de San Ángeles. No hay ninguna mención al resto de la humanidad…


Desde entonces, la sociedad se transforma en un idílico mundo lleno de bondad, completamente sostenible y en el que los policías persiguen a violadores del toque de queda y cuentachistesverdes, ante la ausencia de delincuentes de la vieja escuela.

Al margen de la trama de la película, muy recomendable para los amantes del cine americano de acción descontrolada, peleas, disparos y chascarrillos, la cinta deja toda una serie de detalles que la han convertido en referente del cine de ciencia ficción. Merece la pena comentar algunos.

Todos los vehículos de la película son eléctricos. Son modelos pequeños y compactos, algo que sin duda llamaría mucho la atención en la sociedad americana de mediados de los 90, tan acostumbrada a los enormes coches a gasolina. No desentona tanto en la actualidad, donde la primera potencia mundial se va pasando al modelo europeo, a los automóviles utilitarios y urbanos, con motores que maximizan la relación prestaciones/consumo, y la sociedad europea, por su parte, va inclinándose por el vehículo eléctrico.

Así son los vehículos de la policía de San Ángeles en 2032.
Los automóviles de San Ángeles son verdaderos ordenadores o, como dicen en la versión doblada de la película, “computadores”. Reconocen al conductor nada más sentarse al volante y ajustan los parámetros del coche a sus características. Ofrecen distintas posibilidades que, hoy por hoy, no pasan de proyectos o simples teorías, como el piloto automático o la posibilidad de autoinflado de los neumáticos, una herramienta que en el filme funciona a las mil maravillas, puesto que es capaz de reparar la rueda tras haber recibido un disparo. Estas opciones se activan por voz, con las órdenes adecuadas dadas por el piloto.

Las puertas se abren con el sistema de ala de gaviota, popularizado en 1952 por el Mercedes 300 SL, algo que podría parecer muy futurista en 1996. Sin embargo, 16 años después y con tantos coches eléctricos circulando por nuestras ciudades, las alas de gaviota siguen sin popularizarse, excepto para algún que otro modelo exclusivo o en el cine.

Las viviendas también parecen tener un componente ambiental, ya que los protagonistas tienen su apartamento en enormes edificios autosuficientes donde viven miles de personas. Los pisos son de reducido tamaño y aprovechan al máximo el espacio; como punto destacable, disponen de una avanzada domótica que se activa por voz.

Es curioso cómo está popularizada la activación por voz. En los dispositivos portátiles que usa la policía, en ordenadores, teléfonos (todos con videollamada), vehículos y otro tipo de terminales, todas las órdenes se activan de esa manera pero, a lo largo de la cinta, no se ve una sola pantalla táctil. En este aspecto no fueron muy visionarios, aunque quién sabe si dentro de 20 años no será la voz más popular que el tacto a la hora de manejar aparatos electrónicos.

Estos terminales, repartidos estratégicamente por toda la película, detectan el lenguaje soez y sancionan a quien pronuncie una palabra malsonante. Las multas van de medio a un crédito, la unidad monetaria establecida. La repetida violación del Estatuto de Moralidad Verbal puede suponer una reprimenda de agentes de policía.
También llama la atención el sistema de pintadas callejeras. La facción rebelde de la ciudad hace los grafitis en paredes metálicas con un complejo sistema de autolimpiado, que parece funcionar con descargas eléctricas. En cuestión de segundos, se produce la gamberrada y se limpia el muro pintado, de forma que la destrucción del mobiliario urbano por este motivo deja de tener sentido.

Otra actividad que está completamente informatizada es la comercial, ya que el dinero se ha eliminado y todas las transacciones económicas se realizan virtualmente. Esto, hoy por hoy, es factible, ya que las tarjetas y las compras por internet están por completo arraigadas en nuestra sociedad y no parece que la tendencia vaya a invertirse.

Para el final he dejado el aspecto más claro de ciencia ficción del filme, la criostasis. Es la esencia de la trama y algo que ya se practica en el presente de la película, 1996. La condena a muerte ha sido sustituida por el encierro en crioprisiones, con sentencias de varios decenios en los que el preso permanece congelado. Durante ese tiempo, y como parte del programa de rehabilitación, un software informático introduce a los reclusos las habilidades para las que ha determinado que están más capacitados, en base a sus aptitudes. Quizás sea una versión beta que aún necesita ser pulida, puesto que concluye que la profesión ideal de Stallone es modista.

Tras varias décadas, los presos tienen vistas para su libertad condicional, para las cuales son descongelados y les conceden una pequeña entrevista con el alcaide de la prisión. Los delincuentes se despiertan de bastantes malos humos, algo lógico por otra parte, y sin aparentes secuelas que uno podría imaginar si pasa 40 años congelado y sin cambiar de postura.

Aún quedan 20 años para comprobar si el resto de los detalles que sugiere esta historia para el futuro son reales, pero algunos como los vehículos eléctricos, las videollamadas o el sexo virtual ya están sobradamente expandidos. Otros, como la activación por voz de los aparatos electrónicos, las sociedades totalmente pacíficas o el hecho de que todos los restaurantes sean Pizza Hut parecen más complicados. Lo que sí podemos asegurar es que en 2010 no hubo ningún gran terremoto que cambiara el futuro del planeta.

Uno de los principales enigmas de la película es la utilización de estas tres conchas marinas, que están donde debería encontrarse el papel higiénico.

Recomiendo esta película donde, al margen de la acción, destaca la descripción detallada de un mundo futurista y ciertamente utópico. Hay muchas más curiosidades que podría contar, como el funcionamiento de las tres conchas que sustituyen al papel higiénico, pero no quiero desvelar todo el argumento.